¿Debería seguir escribiendo sobre estética en Schaerbeek cuando hay gente matando y muriendo a la vuelta de la esquina?

Llevo más de año y medio escribiendo sobre el aspecto estético de la vida en Bruselas que, lo repito una vez más, es una ciudad maravillosa donde vivir. Sigue siendo una ciudad maravillosa incluso después los ataques terroristas que han segado la vida de más de treinta personas en el aeropuerto de Zaventem y en la estación de metro de Maalbeek (dos sitios que frecuento). No comento sobre asuntos de actualidad porque creo que en este mundo donde todo tiene que ser en tiempo real todavía queda un espacio para la reflexión pausada. Pero, en sentido estricto, como urbanita, soy un ser político, y en concreto uno que vive en Schaerbeek, una barrio donde se han refugiado y han preparado masacres terroristas.

¿Debería seguir escribiendo sobre estética en Schaerbeek cuando hay gente matando y muriendo a la vuelta de la esquina? Más que nunca. ¿Acaso soy insensible al sufrimiento a mi alrededor? En absoluto. Debo seguir escribiendo este blog como homenaje a la belleza de la vida en Bruselas, a los que viven y han vivido en paz en esta ciudad y a los que disfrutan de la vida aquí y más allá.

daffodil

La cultura de la vida es lo opuesto de la cultura de la muerte. La cultura de la vida está impregnada de la búsqueda diaria de la felicidad cotidiana, de los pequeños placeres que la vida nos ofrece a cada paso. La cultura de la vida reposa en la admiración de las maravillas de la creación y del amor a lo que ha sido creado. La cultura de la muerte busca la destrucción y la vana inmolación. La cultura de la muerte es el resultado de una vida sin sentido del gozo, de una vida sin placeres. Incluso cuando sufrimos, cuando estamos de duelo, debemos seguir viviendo. La vida es un don que no podemos rechazar, un don que compartimos con los que están alrededor de nosotros, en Bruselas, en una mañana lluviosa de primavera.