Museo del Atomium de Arte y Diseño (ADAM)

 

Los visitantes del nuevo ADAM quedarán defraudados si lo que buscan es Arte y Diseño de la Exposición Universal de Bruselas de 1958, que nos dejó el referente del Atomium. La exposición permanente del museo, el Plasticarium, se adelanta un paso y nos muestra el diseño que nació en el boom de los 60 cuando el plástico hizo finalmente posible el sueño ruskiniano de poner el diseño al alcance de las masas.

El ADAM nos presenta una visión del futuro que se ha convertido ya en historia, como una anticuada película de ciencia ficción. Nada es permanente, menos aún por definición la moda y el diseño; ni siquiera el futuro tal y como lo imaginábamos. Se había pervertido el sueño ruskiniano en el sentido de que la sociedad de consumo puso al alcance del hombre de la calle billones de productos de diseño pero le robó a éste la conexión emocional con algo que valorase y disfrutase. El plástico era el futuro pero hoy parece, desde la perspectiva de una sociedad que se esfuerza por dejar de contaminar el planeta, un pasado superado de contaminación y producción en masa.

 

1958 fue un momento crucial entre el Sputnik y los imperios coloniales, la carrera espacial entre la URSS y los EE.UU., la recuperada riqueza en Europa, la calidad de los materiales y el diseño. El tiempo nos ha mostrado los vencedores de esas luchas: la URSS se desmoronaría por su inoperancia económica, los imperios se desvanecerían, la calidad de los materiales desaparecería y reinaría el plástico.

Las diferentes áreas de la exposición están bien explicadas, con algo de información, pero sin excesos. Probablemente reconocerá muchas de las piezas: la silla cantilever de Marcel Breuer, las formas de dientes de Wendell Castle, muchas piezas de Philippe Starck, etc. Existen algunas joyas escondidas de Vasarely y Cesar en un rincón específicamente dedicado a artistas. Oirá música disco muy alta procedente del final de sala: allí se encuentra escondida, como una caja de música pop, la reproducción de una discoteca diminuta diseñada en los 60 para un hotel de Bolzano. El ruido me parece justificado y una metáfora adecuada para un periodo ruidoso y chillón del s. XX. La visita del plasticarium puede hacerse en menos de cuarenta minutos.

 

Copyright de imágenes © Ruskin in Brussels