Château de Freÿr

En el valle del Mosa existen escodidos jardines preciosos. Ya hemos escrito sobre el Château d’Annevoie. Otra joya mucho menos publicitada es el Château de Freÿr. La mansión es una pesada residencia rural que data del siglo XVI. Los jardines, la principal razón de la visita, compensan con creces los ciento treinta km. que se tienen que recorrer desde Bruselas por su ubicación espectacular y el grupo de naranjos en maceta más viejo de toda Europa.

Los jardines se crearon en el siglo XVIII en un estilo puramente francés. Son, por tanto, racionales y rectos. Sin embargo, están tan bien integrados en uno de los parajes más bellos de Bélgica que se puede razonablemente concluir que fueron concebidos por un maestro zen. La mansión es de alguna manera un anejo a los jardines, teniendo en cuenta que éstos no se orientan hacia él sino hacia el tranquilo lago que constituye el río Mosa en esta curva. Existen estanques y fuentes en los jardines, pero el protagonista es sin duda el tranquilo espejo del Mosa. En torno a esta ubicación ya de por sí excepcional se encuentran las montañas, o si se quieren describir más correctamente (no olvido que estamos en los Países Bajos aunque a solo seis km de la frontera francesa), las colinas rocosas que rodean los jardines. Aquí se comprueba que no se necesitan elevaciones del terreno para crear un ambiente de montaña si se juega con las depresiones de la llanura para sacar una montaña de una grieta (en vez de subir una montaña se baja un valle). Además, existen bellísimas agujas a lo largo del río (probablemente verá a gente escalándolas). Así que, a pesar de estar en Bélgica y ni tan siquiera en las Ardenas, uno se encuentra rodeado de rocosas colinas, hundido en mitad de un valle relativamente ancho.

La segunda razón para visitar los jardines es el conjunto de 24 naranjos en maceta de más de tres siglos de antigüedad, superando en edad a los árboles de la famosa orangerie de Versailles. Se conoce su edad porque se adquirieron en 1735 al Duque de Lorena antes de la anexión de ésta a Francia. Se enviaron aquí desde el Palacio de Luneville, “el versailles de Lorena”, en barco. La rocambolesca historia de estos bonsais gigantes está fantásticamente explicada en las hojas informativas de la orangerie. Espero que estos monumentos vegetales permanezcan aquí vivos mucho tiempo; a menos que un inversor chino venga, compre la propiedad y los envíe a China para crear un parque de atracciones.

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