Peregrinajes estéticos de primavera II. ¡Únase al sakura belga!

Es harto conocida la devoción japonesa por los cerezos en flor, sakura en japonés, al comienzo de la primavera, cuando los jóvenes, los viejos y las personas de mediana edad se juntan bajo los bellos árboles para disfrutar de ese maravilloso momento de fugaz belleza. Lo que no se conoce tan bien es la pasión por el sakura de algunos barrios de Bruselas como Schaerbeek, especialmente en la avenida Emile Max, donde los vecinos cierran la calle, montan una tienda y en vez de té y arroz toman cerveza y patatas fritas para disfrutar de esta ocasión tan especial.

 

Se comprende el apego del vecindario por estos cerezos y por su espectacular floración. Con demasiada frecuencia, el ayuntamiento de Schaerbeek ha intentado ignorar este patrimonio verde y talar los árboles bajo el pretexto de que son demasiado viejos. Sin embargo, se ha salido con la suya en algunos casos. No pudieron destruir los cerezos de Emile Max gracias a la oposición de los vecinos y decidieron en su lugar sustituir los más débiles por árboles nuevos de la misma variedad. En la calle de las Mimosas, sí los talaron. A pesar de las protestas de toda la calle, también destruyeron el año pasado estupendos cerezos en la avenida Paul Deschanel. Puede encontrar espléndidos cerezos en flor ahora mismo en la avenida Rogier, entre la plaza de Bienfaiteurs y la plaza de la Patrie, a lo largo del tranvía 25, así como en la avenida del Diamante, donde nació Jacques Brel (existe una placa en el número 138).

Aunque normalmente se llama a estos cerezos “cerezos japoneses” son sólo una variedad, más específicamente Prunus serrulata Kanzan o Sekiyama, entre otras muchas que provienen de Japón y pertenecen al grupo Sato Zakura. Tienen flores rosas como pompones que florecen unas dos semanas después del tipo de flores blancas y simples que predomina en Japón.

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