La mitra del sultán

La exposición “El mundo del Sultán” en Bozar es una buena oportunidad para reflexionar sobre las influencias artísticas mutuas entre dos archirrivales del Renacimiento europeo: Los dominios de los Habsburgo y el Imperio Otomano.

 

mehmeIIMehmed II, conquistador de Constantinopla, de Gentile Bellini (1479).

Sería tentador describir esta confrotación como una entre los turcos y nosotros, pero sería muy inexacto. Las tribus turcas cambiaron fundamentalmente su identidad cuando conquistaron y se establecieron en Constantinopla (“ciudad de Constantino” el primer emperador romano oriental) o Estambul (del griego “la ciudad”). Su imperio multinacional se encontraba a caballo entre Europa y Asia como un puente sobre el Bósforo. Por lo que nos respecta, los cristianos no éramos todos enemigos declarados de los otomanos. Francia los apoyaba contra la España de Carlos V e Inglaterra estaba demasiado orientada hacia sus posesiones transatlánticas. El auténtico enemigo de los otomanos eran los heterogéneos territorios de los Habsburgo. La política era un asunto de familia, de hecho, de dos familias: los Habsburgo y los Otomanos. La exposición dispone de gran número de grabados del Museo Histórico de Viena -la capital oriental de los Habsburgo- y de la Biblioteca Nacional de Bruselas -que también pertenecía a la Casa de Habsburgo durante el renacimiento.

 

viennasiegeEl sitio de Viena por los otomanos en 1529.

 

mitrasultanLa mitra del sultán.

Las primeras imágenes de la exposición transmiten el miedo de una Europa que ha presenciado la caída de Constantinopla en 1453 y el sitio de Viena en 1529. Los otomanos son represantados como crueles guerreros deseosos de cortar cabezas. El mal puede cambiar de identidad, unas veces se trata de Martín Lutero, otras del Papa, otras más de los otomanos -con la prensa nació un nuevo mundo de conocimiento, y de propaganda también. Existe fascinación por lo desconocido en ambas partes: los visitantes europeos describen y pintan extrañas costumbres y ropas. Los otomanos, cansados de las miniaturas persas, anhelan que pintores europeos retraten de forma naturalista a sus sultanes.

 

relojotomanoReloj con un pachá autómata.

La fascinación europea por los otomanos se asienta en las riquezas de Constantinopla y en su nuevo “emperador”. La corona del sultán en este grabado, desgraciadamente perdida, nos recuerda la mitra de los emperadores romanos. El Papa todavía lleva una de tela y no de oro como la del sultán.

 

B_UnegeW0AAr5iCArmadura polaca con motivos otomanos.

El Orientalismo puede haber sido una moda pasajera en Europa Occidental pero contribuyó a crear un marco de referencia para las nuevas identidades en la parte oriental del continente. En la última sala tenemos un sorprendente ejemplo de influencia otomana: a primera vista se diría que es un ejemplo clásico de armadura otomana con su ornamentación esmaltada pero tras una mirada más atenta se descubrirá un Cristo grabado en el pecho. Los polacos habían adoptado como propio el atuendo militar de sus enemigos.