Fugitivas imágenes de nosotros mismos

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Dos estudiantes ©Tina Bartney.
 

La exposición fotográfica de bozar “faces now” es una reflexión necesaria sobre nuestra imagen pública. La correspondiente exposición de retratos del renacimiento en los Países Bajos, “faces then”, nos transporta a la época en la que la gente empezó a reproducir sus caras por razones distintas a la mera representación del poder divino o humano. La oposición entre el retrato en el Renacimiento y la fotografía contemporánea es más que el mero contraste de técnicas y referencias sociales. Es un viaje hacia nuestro yo.

 
 
Retrato ©Thomas Ruff.
 

Nuestra época parece determinada por la multiplicación digital de nuestra imagen privada que así se convierte en pública. Nuestras fotografías están permanentemente disponibles en la red, con o sin nuestro consentimiento. Nosotros mismos publicitamos nuestra imagen para ganar reconocimiento y reputación. Me pregunto a menudo qué criterios utiliza la gente para elegir sus fotos de Facebook, LinkedIn, Tinder o cualquier otra red social. Vistas desde fuera, nuestras imágenes pueder ser categorizadas en las secciones en las que la raza humana se departamentaliza a sí misma -desde las tres clases sociales básicas a las varias, aunque finitas, tribus urbanas. Aunque los retratistas de hoy en día tienen ante sí una tarea con más retos que nunca para materializar nuestra personalidad única en un retrato (desde los selfies a las fotos de estudio nuestras imágenes están por todas partes) esta exposición prueba que no faltan nuevas ideas visuales.

Uomo espresso ©Exactitudes.
 

Faces now” está inundada de luz natural. El blanco predomina en las paredes y nuestra atención se concentra fácilmente en las fotografías. La paleta es asombrosa -de la sobriedad de los retratos en blanco y negro al intenso cromatismo del resto; respecto al tamaño, el gran formato predomina, con algunas composiciones fruto de imágenes más pequeñas y algunas pocas fotos monumentales. En la serie de Exactitudes, una equilibrada combinación de tamaño y color retrata a diferentes personas con el mismo atuendo y pose, forzando nuestra atención a caer en la cuenta de la diversidad humana. Un retrato entre todos, quizá por su parecido con los de Antoine Van Dyck, captó mi atención. En “Dos estudiantes” de Tina Bartney, los dos escolares, quizá dos etonianos, están de pie de frente y en tres cuartos representando con aparente clasicismo su estatus de clase y sus privilegios. Después de un detallado examen, se descubrirá en el rubio más que una cara bonita: ropa de una talla incorrecta, puños fuertes y la palabra “laundry” escrita con bolígrafo en su mano izquierda. Su retrato no sólo resulta parcialmente engañoso sino que su identidad también lo es. No es ni hombre ni niño y su personalidad en el instante en el que la foto fue tomada puede ser tan fugitiva como la nuesta en cualquier determinado momento de nuestras vidas.

Anthonis Mor. Autoretrato.

Faces then” está, por contra, muy débilmente iluminado. Las paredes están cubiertas de un tela que se diría seda. Las referencias religiosas abundan en los lienzos que representan a la ascendente burguesía. Sin embargo, se puede reconocer una personalidad propia en cada retrato -junto con los sueños y las aspiraciones de alguien que falleció hace cinco siglos. En el retrato de Matsys uno no se da cuenta a primera vista de la profusión de detalles. Una vez que se ha observado durante un rato, se pueden detectar los pelos de la barba y las venas capilares de la nuca y la barbilla. La exactitud no es exclusiva de nuetras técnicas modernas, ni la búsqueda de lo que nos hace a todos singulares.

 
Quentin Matsys. Retrato de un anciano.