Tamerlano y Alcina. I.

 
 

Desde esta semana hasta el 8 de febrero se puede asistir alternativamente a estas dos óperas barrocas de Handel en La Monnaie con un escenario casi vacío pero lleno de pasión, de clarooscuro y de movimiento para visualizar dos historias muy diferentes con trajes y decorado de época.

Tamerlano es una de las óperas más oscuras y de libreto más siniestro de toda la producción handeliana. “Il Sassone” la compuso el mismo año que “Giulio Cesare”, quizá su pieza más inmortal junto con “El Mesías”, para el King’s Theatre de Londres, en salvaje competencia con el otro compositor de ópera italiana de la Inglaterra del momento, Bononcini. Fortunas y reputaciones ardían en el juego de ver quién acogía la ópera más espléndida, en una confrontación política con ramificaciones operísticas entre los seguidores del nuevo rey George I, alemán como Handel, y la rancia aristocracia inglesa. Los castrati disfrutaban de una posición social muy similar a la de los futbolistas de hoy en día -y cobraban en correspondencia- y las óperas italianas eran monumentos construidos a la gloria de sus acrobacias vocales. Además, Handel no sólo componía sino que también estaba a cargo de la contratación de los cantantes y de la supervisión de la orquesta y de los músicos. No sorprende que copiara tan a menudo su propia música, como hace en Tamerlano, porque las óperas no eran consideradas tanto creaciones originales como taquillazos con los que batir a la competencia y seducir al público.

Así es como quedamos tras Tamerlano, seducidos. Seducidos no por el vil personaje que da nombre a la ópera, Tamerlano, compuesto para castrato e interpretado por contratenores hoy día, Christophe Dumaux en este caso concreto, sino por el resto del reparto: Jeremy Ovenden, un tenor estupendo en Bajazete, el auténtico protagonista de la historia y papel heroico que no fue concebido para castrato; Delphine Galou, contralto, que interpreta a Andronico con digna pose viril; Sophie Karthauser, soprano, la amorosa hija de Bajazete y prometida de Andrónico, Asteria; y, entre otras, Ann Hallenberg, mezzo-soprano, la determinada prometida de Tamerlano, y futura emperadora, que él rechaza, Irene. Seducidos por la orquesta, Les Talents Lyriques, dirigida por Christophe Rousset. Seducidos por el juego de luces que subraya tan sutilmente la acción en sus distintos momentos de ira, orgullo, lujuria y envidia. ¡Un conjunto de pecados capitales casi completo para una ópera italiana de un gran compositor alemán que vivía en Londres!

El próximo viernes continuaré con Alcina.