Comienzo de la temporada de subastas

 

El final del verano trae consigo algunas buenas noticias. No es sólo el comienzo de una nueva temporada de ópera sino también de un nuevo año de subastas. Las de este mes en Galerie Moderne parecen especialmente prometedoras.

Las obras de dos artistas bien representados atrajeron mi atención durante la exposición.

Los lotes de Jean-Michel Folon 3, 31, 82 y 289 son

 

adecuados ejemplos de la versatilidad del artista surrealista belga, ya sea con cerámica o acuarelas. No son baratas, aunque la acuarela es más asequible, pero tenemos que tener en cuenta que es una figura mundial del surrealismo y, desgraciadamente, está ya muerto. Su museo Fondation Folon en la Hulpe (Uccle, Bruselas) y el parque alrededor, ahora en otoño en su mejor momento, merecen su propio post cuando llegue el momento. Su trabajo transmite la melancolía de personajes solitarios en un mundo que ya no es comprensible. Me pregunto si los objetos son realmente lo que vemos o nuestra propia personalidad reflejada en sus plásticas historias, una paradigmático ejemplo de lo cual puede ser el espejo del lote 82, donde uno puede ver su cara reflejada junto con la figurita que está de pie en el borde. ¡Brillante! Dudo que sea un descubrimiento personal por lo que el precio subirá en consecuencia. El resultado, en la próxima subasta u online el próximo martes 14 de febrero a las 15.00 h.

Tres litografías del creador del arte óptico, el franco-húngaro Victor Vasarely, en los lotes 192, 236, y 282,

 

 

son otros artículos de la mano de una reputación bien asentada. Sus colores en la vida real son tan brillantes como en las fotos. Cuando se está frente a ellos, uno siente la sensación de ser transportado en un viaje psicodélico a ninguna parte. Sus imágenes son auténticos puñetazos visuales en contraste con los tonos pastel y de retrogusto agridulce de las de Folon. Son una declaración de principios: esto es la vida en su frenesí más condenadamente colorido. Si es usted aficionado a los muebles de los 70 con algún que otro espacio en blanco en sus parades, yo no me lo pensaría dos veces y compraría.

También hay otros artículos que merece la pena mencionar, como la jarrita de Picasso,

 

 

quizá demasiado cara para servirse la leche del té;

 

o las dos litografías de Khopff

demasiado baratas para ser verdad; o muchos otros. Lo más importante es disfrutarlos. Si los puede adquirir, bien. Si no, es dinero que se ahorra. El placer de disfrutarlos no tiene precio.

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